En primer lugar, señalar que las semillas de marihuana que utilices deben ser de calidad, sino por mucho empeño que pongas no conseguirás apenas resultados. No obstante, debes saber que a la hora de cultivar marihuana no existe un método oficial, es decir, no hay un canon por el que todo el mundo se rija. Lo que sí es cierto es que todos tenemos una serie de precauciones, como, por ejemplo, tener cuidado en el primer trasplante y realizarlo con mucho mimo.

Por todo ello, te vamos a exponer una serie de recomendaciones generales que sí han de ser cumplidas para obtener una buena cosecha.

 

El proceso de germinación

 

A la hora de cultivar cannabis resulta de vital importancia que se den una serie de condiciones ambientales como una temperatura idónea, que el sustrato esté húmedo, una correcta ventilación del aire etc.

La germinación lo que pretende es recuperar la actividad biológica de la semilla que había quedado en stand by. Un leve inciso, recuerda que las semillas no conservan el poder de germinación para siempre, sino que pasado cierto tiempo lo pierden. Concretamente en la nevera no pueden pasar más de 6 meses.

 

En la germinación podemos distinguir tres fases

1. La de hidratación:

Necesaria, ya que sin ella no se produce el resultado. En esta fase los tejidos que forman la semilla absorben una gran cantidad de agua, lo cual conlleva a un aumento de la actividad respiratoria.

 

2. La germinación en sentido estricto:

En el cual se producen una serie de reacciones metabólicas para que se pueda dar el desarrollo de la planta. No obstante, a diferencia de la fase de hidratación, la absorción del agua cesa casi por completo.

 

3. El crecimiento:

Es la última fase, en el que se produce la salida de la raíz al exterior. Aumentan tanto la absorción del agua como la actividad respiratoria.

 

Nuestros consejos para germinar semillas

 

En primer lugar, te recomendamos que te prepares de forma adecuada para realizar la germinación, no vaya a ser que en mitad del proceso veas que te falta algún elemento fundamental. Además, así perderás menos tiempo.

En segundo lugar, debes forrar el fondo del plato con trapos húmedos, pero sin pasarte para que el agua no sobre. Una vez lo hayas hecho debes colocar las semillas sobre los trapos húmedos. No obstante, debes darle a cada semilla espacio para desarrollarse, no las pongas excesivamente juntas.

Una vez hayas realizado este paso conviene poner otros paños húmedos sobre las mismas, pero sin que la cantidad de agua sea excesiva. El plato deberás colocarlo en un lugar en el que la temperatura sea cálida, pero en el que no le dé la luz del sol de forma directa.

Una vez has realizado esta etapa deberás vigilar que los paños no se sequen para que la semilla pueda absorber el agua, de lo contrario no podrá germinar al faltarle agua. Una vez haya pasado una semana, o hasta 10 o 14 días, las semillas germinan apareciendo los primeros trazos de la radícula. Es la época del primer trasplante, no obstante, te advertimos de que esta etapa es delicada así que debes de tener mucho cuidado para que llegue a buen puerto.

Debes hacer un hoyo de unos 2 milímetros, el agujero debes hacerlo en el centro para que la raíz se propague de forma adecuada. Ahora una vez lo hayas hecho cúbrela con cuidado, en unos 2 o 3 días debería salir la planta.

También en vez de un plato puedes usar un tupper. No obstante, si de verdad quieres obtener buenos resultados lo mejor que puedes hacer es germinarlas de forma independiente. De esta forma, podrás observar cuáles están creciendo bien y cuáles lo están haciendo mal. Si fuera necesario poner más, te darás cuentas y tendrás más margen de reacción.

Otro consejo que aportará un plus de calidad a tu cultivo es el hecho de usar agua de manantial o embotellada que podrás encontrar fácilmente en cualquier supermercado. Eso es así porque debes evitar las altas concentraciones de cal y de cloro que contiene el agua que sale del grifo.

 

Tres cualidades para obtener el sustrato ideal para el primer transplante

 

  • Debe retener de una forma correcta el agua: de esta forma la semilla que apenas tiene radícula podrá acceder a la misma.

  • Debe ser tanto aireadora como drenadora: con el fin de que el agua se drene y así evitar que la mezcla sea en exceso compacta.

  • Debe contener nutrientes: para que la planta se pueda desarrollar en el futuro. Por ejemplo, sustratos inertes como la fibra de coco requerirán la presencia de fertilizantes.

Un complemento ideal, cuando la semilla ha germinado, es introducirla en un Jiffy de turba. Para ello, debemos sumergir el Jiffy en un plato con abundante agua y esperar a que se infle y absorba toda la humedad. Una vez veamos que se ha expandido y está totalmente húmedo, debemos exprimirlo para conservar la humedad pero expulsar todo el agua sobrante. Este sería un paso intermedio, acompañado de un mini invernadero y un pequeño flexo o bombilla, para favorecer en los primeros días de vida al desarrollo radicular de la planta. Más tarde, podremos transplantar las plantas a macetas para comenzar a proporcionarle más cantidad de luz.

En conclusión, germinar una semilla puede ser un proceso sencillo si sigues nuestros pasos y recomendaciones. No obstante, recuerda que debes tener cuidado a la hora de realizar el primer trasplante.

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